Volátil

Río escribiendo nuestras cartas, me siento perdido y mareado, como si mis sentimientos se sumieran en la dulzura perdida de un vaso de leche, como si la tinta de mi pluma se perdiera entre árboles de vacío, como si todo se desvaneciera entre un mar de pensamientos.

Creo que soy el único que piensa al revés, que piensa y luego escribe o habla, que pone sus palabras en la mente antes que en la realidad, antes de que la realidad tergiverse el sentido de mis palabras y las haga agrias.

En una botella seca, en una botella susurro mi secreto, mi problema que sólo yo debo conocer, la lleno con un limón y un toque de azúcar, lleno a la botella de esperanza, de esperanza que mi problema sea atrapado dentro de la prisión de frágil vidrio que lo envuelve. Cuando ya mi mente no la necesite espero que se desvanezca, en mi casa, puse ese secreto en una repisa en mi sótano.

Me siento inocentemente en la cornisa de mi azotea, a sentir el viento fluir, sin preocupaciones a que el viento me mantenga vivo, me siento como si me sentara en un avión y voláramos a través de las nubes de algodón y del viento volátil; comenzamos a bajar y a bajar, a alejarnos del cielo y a acercarnos a la tierra, a las flores del campo, el avión me suelta y ruedo por el campo floreado, no siento dolor, siento calor, siento como si rodara sobre algodón.

Tomo la cámara que cuelga de mi cuello y desde la azotea tomo fotos de mi ciudad, de mi parque, de los azulejos del parque, de la gente de la ciudad, de mí con el cielo cobalto de fondo, de mi sonrisa que se empolvaba en las páginas del ayer, no es la mejor sonrisa, pero es la única que tengo y la que sirve para sonreír.

Mi triste yo está encerrado en una  botella, encerrado en una fortaleza quebrada, encerrado con limón y azúcar, impalpablemente se halla encerrado, puesto en esa repisa sucia y oscura, donde debe estar, junto a la botella rosa de mis problemas.

Los rayos de plástico del Sol artificial me alumbran a mí y a mi ciudad, mi cámara se cansa, mi vista se duerme, mi corazón se encoje, mi alma gime, siento que he olvidado algo, cierto, mi tristeza, bajo a mi sótano a por la botella, subo a mi azotea de nuevo, tomo el corcho, lo separo de mi botella y observo cómo la tristeza se hace volátil y se desvanece.

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