Ficción

Comienza a atardecer en la ciudad, entre la amontonada gente de traje oscuro, entre los edificios grises, el clima anda cargado de lágrimas, pero permite ver el cielo carmín en que se encuentra; comienzo a silbar para distraerme y sentirme que sigo siendo yo, y no otro humano programado en esta ciudad; busco un lugar donde pueda sentirme a gusto en la calle, donde las sombras incansables de la gente no perturben mi mirada ni mi pensamiento, pero me doy cuenta que no se consigue entre la robótica ciudad, y mis lágrimas comienzan a caer, en esta poca entusiasmada realidad.

 

Comienzo a caminar hacia el puerto, cantando una canción para alegrarme, una canción que es como un hechizo inútil, una canción que trato de emparejar con el ritmo de las olas del mar, si buscara de nuevo entre mí, mis sentimientos que deserté, se hallan en el fondo del agua, ¿Por qué siempre tengo miedo de ser yo mismo?

Me siento en el muelle, me quito mis sandalias, meto los pies en la cristalina agua, viendo el rojo atardecer, el atardecer de esta ciudad que me hace llorar, el atardecer rojo de un domingo, que me hace reír, el sol, que me hace brillar.

 

Cierro mis ojos y elevo mi cabeza, mirando al cielo naranja, mirando al firmamento, mirando a las nubes aterciopeladas de color lila; cierro mis ojos de nuevo, deseo volar, me elevo, estiro mis brazos y vuelo sobre el mar, sólo, yo, como yo soy, revoloteo con mis alas en este sueño, atravieso la oscuridad y siento como si pudiera montarme en el viento, quiero ir al futuro, al futuro, que me lleve el viento.

 

Me levanto del muelle, me pongo mis sandalias y camino hacia la arena, la plateada y solitaria arena, con las huellas de los caminantes como yo; trato de pensar en todo lo que he resuelto en mi vida, pero me abrumo y me detengo, no puedo caminar por el peso, pero lo intento, aunque sea un paso a la vez, la vida es un desfile, y aunque nadie desfile contigo, debes seguir desfilando.

 

Mis ojos enmarcan la fotografía de éste momento, enmarcan la realidad, escucho una frase misericordiosa en el viento, que quiebra la plana arena y me deja caminar de nuevo, el viento me lleva.

 

Cierro mis ojos de nuevo para volar, extiendo de nuevo mis brazos y me elevo, me escondo bajo la oscuridad que envuelve mi cielo, atravieso mi sueño y llego al atardecer sobre la playa, el sol tiñe mis alas con su paleta de tonos cálidos, y proyecta sólo mi futuro, sólo mi futuro; y sé, que si abriera la sinceridad de mis ojos, tu tristeza de hoy sería capaz de borrar.

 

Subo y subo, me elevo y me elevo, veo un Ovni, un Ovni brillando sobre mí, en este atardecer, me mira y trata de alejarme, trata de devolverme a la tierra, me aferro a él, el Ovni da una vuelta y en esta ficción, me lanza hacia el mar; continúo volando y girando, hasta que aterrizo en la grama de algún lugar.

 

Abro mis ojos, mis alas se encuentran bien, la verde grama y los pequeños coquitos escarlatas revolotean, me encuentro rodeado de sauces, rodeado de frondosos sauces, de una fuente, de peces, de aves, cierro mis ojos de nuevo y respiro profundamente, observo que mi bosque de sauces se hace un bosque de globos, de globos multicolores, me aferro a uno de ellos me aferro a su hilo que ata su libertad, me elevo en el cielo naranja; de entre mis poros, de mi piel, nacen mariposas de colores, azules, moradas, rojas, naranja, revolotean alrededor de mí.

 

Pasa una estrella fugaz en éste atardecer, pasa frente a mí, me aferro a su cabello, me lleva, me hace elevarme, y me cuelgo en la menguada luna que comienza a nacer hoy, siento que debo quedarme aquí, me paro en el borde la Luna, me paro en su plateado cuerpo, miro hacia abajo, veo el mar cristalino, calmado, tomo aire y me zambullo desde la Luna al mar, cayendo mis alas brillan en azul, mi corazón brilla en morado y mi mente, en blanco, qué libertad.

 

Dentro del agua cristalina, puedo respirar, puedo vivir, me encuentro con un coral reposando en el fondo del agua, un hermoso coral rallado en colores, me acerco a él, y el brillo de mi pecho se intensifica, lo toco y de él, brotan peces multicolores en creces, me envuelven, me rozan con sus aletas, mi cabello se empapa, y los peces me empujan y me llevan a la orilla plateada de alguna isla.

 

Sentado en la arena, sigue atardeciendo, sigue el cielo naranja, luciérnagas me visitan mientras me siento a secarme con el sol, nieve cae sobre mí, nieva en la isla, nieva en el atardecer, y de entre los sauces que quedan del bosque tras de mí, salen volando, medusas de colores, medusas que brillan vívidamente en colores.

 

De entre los árboles salen desfilando, perros, búhos, garzas y peces van volando, todos desfilando ante mí, me levantan, el perro me da la mano, me sonríe, camino y desfilo con ellos, siento cómo la melancolía me deja, siento como los animales me invitan a vivir de nuevo, siento que puedo volar de nuevo, abrazo a los animales y ellos me abrazan a mí, les prometo volver, el panorama me llama, la paz me encuentro aquí, en este mundo me deseo quedar, el Universo de estrellas vive sobre nosotros, veo la ciudad gris del otro lado del mar, veo la atmósfera iluminarse, te veo a ti llegar del otro lado de la playa, vienes de mi misma ciudad, de la gris y triste realidad, ven, digámosle a la realidad adiós.

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